Las arritmias en niños son alteraciones del ritmo del corazón. La mayoría son benignas o tienen una explicación sencilla, pero algunas necesitan estudio y tratamiento. Y saber cuándo es una cosa o la otra es lo primero que trabajamos en consulta. Los padres suelen llegar con bastante miedo. La mayor parte se van tranquilos, pero hay señales que no se pueden ignorar.

Puntos clave:

  • Muchas palpitaciones en niños son benignas, pero algunas señales requieren valoración.
  • Las taquicardias supraventriculares son las arritmias más frecuentes en la infancia.
  • La ablación en niños es segura y eficaz; hay técnicas que evitan completamente la radiación.
  • Algunas cardiopatías se heredan y conviene estudiar a toda la familia cuando se diagnostica una.
  • El cribado cardiológico ayuda a prevenir la muerte súbita en jóvenes deportistas.

¿Cuándo preocuparse?

Hace un tiempo llegaron a la consulta unos padres con el ECG de su hijo de 9 años. El pediatra les había dicho que había detectado «algo en el trazado» y que convenía verlo. Venían asustados, como es lógico. El diagnóstico fue un síndrome de Wolff-Parkinson-White: nombre complicado, tratamiento bien establecido. Hoy el niño juega al fútbol sin restricciones.

Muchas palpitaciones en niños se explican de forma sencilla. El corazón se acelera con el esfuerzo, con los nervios o, en adolescentes, con esas bebidas energéticas que nadie vigila del todo. Eso es fisiología normal.

Dicho esto, hay síntomas que me generan atención clínica inmediata:

  • Síncope durante o justo después del esfuerzo. Que un niño pierda el conocimiento haciendo deporte no es un desmayo banal.
  • Palpitaciones que duran más de varios minutos y van acompañadas de mareo o dolor en el pecho.
  • Antecedentes familiares de muerte súbita antes de los 40 años, o cardiopatías hereditarias conocidas en la familia.

Si el niño pierde el conocimiento haciendo deporte: 112. Eso no espera.

Arritmias más frecuentes en niños

Taquicardia supraventricular en niños

La arritmia más habitual en la infancia es la taquicardia supraventricular (TSV): una aceleración brusca del corazón que aparece y desaparece de golpe, sin aviso. Según datos publicados en Pediatría Integral, las TSV suponen aproximadamente el 80% de todas las taquicardias en población infantojuvenil.

Como mencioné antes, el síndrome de Wolff-Parkinson-White es una de las causas más frecuentes de TSV. En el WPW hay lo que llamamos una vía accesoria, una conexión eléctrica extra dentro del corazón que puede activarse y desencadenar episodios de taquicardia. El ECG en reposo ya lo sugiere en la mayoría de casos.

También hay extrasístoles: latidos prematuros que el niño nota como un «golpe» en el pecho. En niños sin cardiopatía de base, son benignas casi siempre. Los síndromes de QT largo congénito, los bloqueos auriculoventriculares, la displasia arritmogénica… esos los vemos bastante menos.

¿Cómo se estudian las arritmias en los niños?

El punto de partida es siempre el electrocardiograma (ECG) en reposo. Sin dolor, en cinco minutos, y ya da bastante información.

Cuando los síntomas son intermitentes, lo que ocurre casi siempre, usamos el Holter: un monitor pequeño que el niño lleva puesto 24 o 48 horas mientras hace vida normal. Para arritmias más esporádicas, en la Unidad de Arritmias disponemos de sistemas de monitorización avanzada que registran el ritmo cardíaco durante semanas o meses. Cuando las palpitaciones son muy ocasionales, esa extensión del registro cambia por completo lo que puedes encontrar.

La ecocardiografía, que es la ecografía del corazón, nos permite ver la estructura y descartar cardiopatías subyacentes. Y en algunos casos, cuando la ablación está indicada o necesitamos mapear la arritmia antes de tratarla, hacemos un estudio electrofisiológico: un cateterismo bajo sedación que permite ver la actividad eléctrica del corazón desde dentro.

Tratamiento y ablación en niños

Muchas arritmias se controlan primero con medicación: antiarrítmicos como el propranolol o la flecainida, según el tipo y la edad del niño. Pero cuando los episodios se repiten o afectan a la calidad de vida, la ablación suele ser la opción más definitiva.

La ablación consiste en aplicar energía sobre el punto exacto del corazón que genera la arritmia para eliminar esa fuente: habitualmente calor mediante radiofrecuencia, que en la práctica son unos 50-60 grados aplicados en un área de pocos milímetros, o frío mediante crioablación. Según la revisión publicada en la Revista Española de Cardiología, la ablación en pediatría es segura y tiene tasas de éxito elevadas. Hoy disponemos además de sistemas de navegación tridimensional que permiten hacer el procedimiento completo sin fluoroscopia. En pacientes pediátricos, no exponerlos a radiación tiene un valor que no es menor.

En menores de 5 años la indicación se valora individualmente. Si el niño está bien controlado con medicación y los episodios no representan un riesgo real, muchas veces preferimos esperar.

Arritmias y cardiopatías que se heredan

Algunas arritmias tienen una causa genética y pueden transmitirse en la familia. El síndrome de Brugada, el síndrome de QT largo congénito, la miocardiopatía hipertrófica, la displasia arritmogénica del ventrículo derecho… cuando diagnosticamos una de estas condiciones en un adulto, lo primero que hacemos es recomendar que se estudie también a los hijos, aunque no tengan síntomas.

En la Unidad de Arritmias Hereditarias y Genómica hacemos un estudio completo: historia clínica, ECG, ecocardiograma y análisis genético cuando está indicado. Los resultados determinan si el hijo necesita seguimiento, con qué frecuencia, o si hay que plantearse algún tratamiento. Para los casos con mayor riesgo, el programa de prevención de muerte súbita está pensado exactamente para eso.

¿Corazón y deporte en niños y adolescentes?

El deporte hace bien al corazón. Eso no lo discute nadie. Pero cuando hay una arritmia diagnosticada o antecedentes familiares de cardiopatía, conviene hacer una valoración antes de dar el visto bueno para la competición.

Según la Sociedad Española de Cardiología, el 96% de las muertes súbitas asociadas al deporte ocurren en deportistas recreativos, no en profesionales. No en los de élite. Eso cambia bastante dónde hay que poner el foco.

En nuestra unidad, la Dra. Gabriela Sarquella se encarga de la valoración cardiológica de jóvenes deportistas. La evaluación incluye historia clínica, antecedentes familiares, ECG y, si hay alguna señal de alerta, prueba de esfuerzo y ecocardiografía. La mayoría salen con el apto. Algunos llegan con una arritmia que nadie había detectado todavía.

Si tu hijo practica deporte habitualmente o lo está planteando a nivel competitivo, pide tu cita aquí.

Preguntas frecuentes sobre arritmias en niños

¿Es normal que a mi hijo le note el corazón acelerado?

En muchos casos, sí. Las palpitaciones esporádicas suelen ser benignas y relacionadas con el esfuerzo, los nervios o el crecimiento. Son señal de alarma si van acompañadas de síncope, si duran varios minutos o si hay antecedentes familiares de cardiopatía.

¿Un soplo en el corazón del niño es grave?

La mayoría de soplos en niños son funcionales: no corresponden a ninguna enfermedad estructural. Los pediatras los detectan con frecuencia y muchos no requieren nada más. Cuando hay duda, una ecocardiografía lo resuelve.

¿Se puede hacer una ablación a un niño?

Sí. Es segura y las tasas de éxito son altas. Las técnicas de mapeo tridimensional que usamos hoy permiten hacerla sin radiación, lo que en niños tiene bastante importancia.

¿Mi hijo puede hacer deporte de competición?

Depende del diagnóstico. Muchos pueden hacer deporte sin ninguna restricción. Otros necesitan que los valoremos antes de obtener el apto.

¿Si en la familia hay una cardiopatía hereditaria, debo estudiar a mis hijos?

En general, sí. Muchas de estas cardiopatías tienen herencia autosómica dominante: cada hijo tiene alrededor de un 50% de probabilidad de haberla heredado. No siempre hace falta el análisis genético; en muchos casos una valoración clínica completa es suficiente.