La fibrilación auricular es la arritmia más frecuente que veo a diario en consulta y, probablemente, la que más consecuencias tiene sobre la salud cardiovascular de los pacientes: el corazón deja de latir con ese ritmo organizado que debería tener y empieza a hacerlo de forma rápida e irregular. No da síntomas siempre, pero cuando los da, son bastante llamativos. Y aunque no los dé, aumenta el riesgo de ictus de manera clara. La buena noticia es que tiene tratamiento, y cada vez más eficaz.
Lo que conviene saber antes de seguir leyendo
- Según el estudio OFRECE (Revista Española de Cardiología, 2014), la fibrilación auricular afecta al 4,4% de los mayores de 40 años en España: más de un millón de personas, con más de 90.000 sin diagnóstico.
- Aumenta el riesgo de ictus entre cuatro y cinco veces (Guía ESC 2024). La anticoagulación es la medida más eficaz para prevenirlo.
- Los síntomas más comunes son palpitaciones, cansancio y falta de aire, aunque hay personas que no notan nada.
- El tratamiento incluye fármacos y, en casos seleccionados, ablación con catéter.
- Controlar el ritmo de forma precoz reduce la mortalidad cardiovascular y el ictus, según el estudio EAST-AFNET 4, recogido en los comentarios a la Guía ESC 2024 de la Sociedad Española de Cardiología.
¿Qué es la fibrilación auricular?
El corazón funciona gracias a un sistema eléctrico muy coordinado. Cuando ese sistema se descontrola en las aurículas (las dos cámaras superiores), se produce lo que llamamos fibrilación auricular: las aurículas dejan de contraerse de manera organizada y empiezan a vibrar a entre 300 y 600 impulsos por minuto (Guía ESC 2024). Solo una parte de esos impulsos llega a los ventrículos, y lo hace de forma irregular. De ahí ese pulso irregular, a veces rápido, que muchos pacientes notan en la muñeca o el pecho.
Según el estudio OFRECE, publicado en Revista Española de Cardiología, la fibrilación auricular afecta al 4,4% de los mayores de 40 años en España. Son más de un millón de personas, y más de 90.000 de ellas no saben que la tienen. La prevalencia sube mucho con la edad: es mucho menos común en personas jóvenes y bastante más frecuente a partir de los 65-70 años.
Síntomas y cuándo consultar
Lo que más describen los pacientes en consulta son las palpitaciones: esa sensación de que el corazón «se dispara», late de forma muy irregular, o da un salto brusco. A veces va acompañado de un cansancio que no saben muy bien de dónde viene, falta de aire al subir escaleras, o una molestia en el pecho que no llegan a llamar dolor. Hay quienes lo notan desde el primer episodio. Otros llevan meses con síntomas que atribuyen al estrés o a la edad, y llegan a consulta casi de casualidad.
Y luego están los que no notan absolutamente nada. Lo que sí me sigue sorprendiendo, después de muchos años en electrofisiología, es cuántos pacientes se enteran por un ECG de rutina, una analítica del médico de familia, o la notificación de un smartwatch. El riesgo de ictus existe igual, aunque el corazón no haya dado ningún aviso.
Hay señales que no deben esperar: pulso muy rápido sostenido, mareo o sensación de desmayo, falta de aire en reposo, y sobre todo cualquier síntoma neurológico, dificultad para hablar, debilidad en un brazo, visión doble. Eso es urgencias.
Mi reloj ha detectado una fibrilación auricular
Cada semana llegan a consulta pacientes con el teléfono en la mano, enseñándome la notificación de su Apple Watch o su Garmin. Algunos vienen muy asustados. Otros convencidos de que el reloj se ha equivocado. En los dos casos hay que hacer lo mismo: confirmarlo con un ECG antes de sacar ninguna conclusión.
Los relojes detectan ritmos irregulares con una sensibilidad razonable, pero no son un electrocardiograma de 12 derivaciones. Dan falsos positivos durante el ejercicio intenso o cuando el reloj va suelto en la muñeca. Y al contrario, pueden perderse episodios cortos que ya han pasado cuando el paciente llega a consulta. Para eso sirve el Holter, un registro continuo de 24 a 48 horas, o más si los episodios son poco frecuentes.
En nuestra unidad tenemos un sistema de monitorización avanzado que permite confirmar si lo que detectó el reloj es una fibrilación auricular real. Si te ha pasado, pide cita y lo revisamos.
Fibrilación auricular e ictus

La fibrilación auricular hace que las aurículas no se contraigan bien y la sangre quede algo estancada en su interior. Eso favorece la formación de coágulos, lo que llamamos trombos, en una zona concreta del corazón llamada orejuela izquierda. Si ese trombo se desprende y llega al cerebro, el resultado es un ictus. Y los ictus por fibrilación auricular tienden a ser de los graves: afectan arterias grandes y dejan secuelas importantes con frecuencia (Guía ESC 2024).
Para estimar cuánto riesgo tiene cada paciente usamos una escala, el CHADS-VASc, que suma puntos según la edad, si hay hipertensión, diabetes, insuficiencia cardíaca, antecedente de ictus previo y otros factores. El resultado cambia mucho de un paciente a otro, y eso es lo que determina si hay que anticoagular. A partir de una puntuación moderada, la Guía ESC 2024 recomienda los anticoagulantes orales de acción directa, los que llamamos ACOD, con indicación de clase IA. Hace años usábamos warfarina para casi todo esto; los ACOD la han ido reemplazando porque son más seguros en general y no requieren analíticas de control cada pocas semanas.
Algo que repito mucho en consulta: no dejes la anticoagulación por tu cuenta, aunque te encuentres bien o hayas hecho la ablación. Esa decisión solo la puede tomar tu cardiólogo, y se revisa con el tiempo.
Tratamiento: control del ritmo y de la frecuencia
Cuando hay fibrilación auricular hay básicamente dos caminos. Uno es dejar el corazón en fibrilación y solo asegurarse de que los ventrículos no vayan demasiado rápido, lo que llamamos control de la frecuencia. Se consigue con betabloqueantes, con digoxina u otros fármacos, y en pacientes mayores con pocos síntomas puede ser una opción perfectamente válida.
El otro camino es intentar devolver el corazón a ritmo sinusal, el ritmo normal, que es lo que llamamos control del ritmo. Puede hacerse con fármacos antiarrítmicos como la flecainida o la amiodarona, o con ablación. Aquí es donde los datos han cambiado bastante la forma de planificar el tratamiento: el estudio EAST-AFNET 4, cuyos resultados recogen los comentarios a la Guía ESC 2024 en Revista Española de Cardiología, mostró que el control precoz del ritmo reduce la mortalidad cardiovascular y el riesgo de ictus frente al control de la frecuencia. Durante años fuimos más conservadores con esto. Ya no tanto.
Ablación: en qué consiste

El procedimiento se hace sin cirugía abierta: se introducen unos catéteres finos por las venas de la ingle hasta llegar al interior del corazón. Una vez allí se aplica energía, habitualmente radiofrecuencia o crioablación (que es simplemente frío controlado), para aislar eléctricamente las venas pulmonares. Son las venas que llegan al corazón desde los pulmones, y de ahí sale la mayoría de los impulsos que desencadenan la arritmia. Si se aíslan bien, esos impulsos no pueden salir.
El paciente está en sedación consciente: no nota dolor, pero sí puede oír lo que pasa en la sala, lo que a la mayoría les parece bien una vez que lo saben de antemano. El procedimiento dura entre dos y cuatro horas según el caso. La mayoría se van a casa al día siguiente y en una semana hacen vida normal, algo que les sorprende bastante cuando escuchan por primera vez que les van a introducir catéteres hasta el corazón.
Según la Guía ESC 2024, la ablación es indicación de clase I después del fracaso o intolerancia a los antiarrítmicos, y primera opción razonable en la fibrilación auricular paroxística en pacientes que la prefieran. En FA paroxística bien seleccionada, las tasas de éxito tras el primer procedimiento están por encima del 70-80% (Guía ESC 2024). El Dr. Òscar Bisbal, electrofisiólogo con quien hemos trabajado casos complejos, trabaja con cifras similares.
No es infalible, y hay que decirlo. Hay recurrencias, y algunos pacientes necesitan un segundo procedimiento o seguir con medicación de apoyo. En los casos más avanzados, con aurícula izquierda muy dilatada o fibrilación auricular de larga evolución, los resultados bajan bastante.
Si quieres valorar si la ablación puede ser una opción para ti, puedes pedir cita en nuestra unidad.
Preguntas frecuentes
¿La fibrilación auricular es peligrosa?
La arritmia en sí raramente es el problema inmediato. El riesgo real es el ictus, que en algunos pacientes llega a ser la primera señal de una fibrilación auricular que llevaba tiempo sin diagnosticar. Con anticoagulación y seguimiento adecuados, la mayoría hacen vida completamente normal.
¿La ablación cura la fibrilación auricular?
En FA paroxística bien seleccionada, el 70-80% de los pacientes mantienen el ritmo sinusal sin fármacos tras el primer procedimiento (Guía ESC 2024). Eso no es curación en sentido estricto: hay recurrencias, más frecuentes cuando la aurícula está muy dilatada o la FA lleva mucho tiempo de evolución. Algunos necesitan un segundo procedimiento.
¿Tendré que tomar anticoagulantes para siempre?
Depende del riesgo de ictus de cada paciente, no solo del resultado de la ablación. Hay pacientes que, tras una ablación con resultado excelente, siguen con anticoagulación porque su puntuación en la escala CHADS-VASc sigue siendo elevada. La escala no mide el éxito de la ablación, mide el riesgo del paciente. Si tienes diabetes, hipertensión, o más de 65 años con algún otro factor de riesgo, probablemente tu cardiólogo mantenga la anticoagulación aunque el corazón esté en ritmo sinusal. Es una decisión que se toma caso por caso, y que puede revisarse con el tiempo.
¿Puedo hacer deporte con fibrilación auricular?
Sí, con supervisión. El ejercicio moderado es bueno para el corazón. Otra cosa es el deporte de muy alta intensidad y larga duración que, paradójicamente, es un factor de riesgo de fibrilación auricular (Guía ESC 2024).
¿Es fiable la alerta de fibrilación de mi reloj?
Fiable para detectar irregularidades, pero no suficiente para diagnosticar. Hay que confirmarlo con un ECG, o con un Holter si el episodio ya había pasado cuando llegas a consulta. El tratamiento se decide con el médico, no a partir de la notificación del reloj.

