El estudio genético del corazón analiza el ADN de la persona para detectar las mutaciones que causan enfermedades cardiacas que se heredan de padres a hijos. Lo pedimos cuando sospechamos que detrás de una arritmia, un síncope recurrente o una muerte súbita familiar hay una causa genética, y también para cribar a los familiares de primer grado antes de que aparezcan síntomas. En el síndrome de Brugada y otras canalopatías, ese diagnóstico precoz puede determinar qué seguimiento necesita cada miembro de la familia. Desde nuestra Unidad de Arritmias del Hospital Quirón Palmaplanas lo ofrecemos a través del programa que llamamos Brugada Genomic.
Lo más importante:
- El estudio genético busca las alteraciones del ADN que causan cardiopatías hereditarias.
- Estas enfermedades se transmiten en la mayor parte de los casos de forma autosómica dominante: cada familiar de primer grado tiene un 50% de probabilidades de haber heredado la mutación.
- En canalopatías como el síndrome de Brugada, el diagnóstico temprano ayuda a evitar arritmias graves y muerte súbita.
- Tras una muerte súbita con autopsia normal, el estudio genético aclara el origen hasta en el 35% de los casos.
- Un resultado positivo en un familiar permite protegerlo antes de que aparezcan síntomas.
¿Qué es el estudio genético del corazón?
El corazón, para latir con regularidad, necesita canales iónicos, que son proteínas que controlan el paso de sodio, potasio y calcio a través de la membrana de las células cardiacas. Los genes que codifican esos canales, el más conocido es el SCN5A, pueden tener mutaciones que alteran el funcionamiento eléctrico del corazón. Eso es lo que analizamos: el ADN del paciente, obtenido en la gran mayoría de casos a partir de una muestra de sangre venosa, aunque en algunos protocolos también se usa saliva.
Las enfermedades que estudiamos pertenecen a dos grupos principales. Las canalopatías, como el síndrome de Brugada o el síndrome de QT largo, donde el problema es eléctrico y el corazón tiene una estructura anatómica normal. Y las miocardiopatías hereditarias, como la hipertrófica o la arritmogénica, donde el músculo o el tejido cardiaco tiene una alteración estructural. Los genes que analizamos cambian según la sospecha clínica de cada caso.
¿Para qué se utilizan las pruebas genéticas?
Cuando veo a un paciente joven con síncopes de esfuerzo o con varios antecedentes de muerte súbita en la familia, necesito saber si hay una base genética porque eso cambia completamente el plan. Si confirmamos una mutación, puedo estratificar el riesgo de forma mucho más precisa y decidir si esa persona necesita un desfibrilador automático implantable, lo que llamamos DAI, u otro tipo de seguimiento y tratamiento preventivo.
El otro uso, quizás igual de importante, es orientar el cribado familiar. Las cardiopatías hereditarias se transmiten en la mayoría de los casos de forma autosómica dominante, lo que supone un 50% de riesgo en hijos, padres y hermanos del afectado, según el protocolo de actuación en cardiopatías familiares publicado en la Revista Española de Cardiología.
Y hay una tercera situación que me encuentro con cierta frecuencia: fallece una persona joven de forma inesperada y la autopsia no encuentra ninguna causa estructural. Lo que se denomina autopsia negativa. Según datos publicados en Cardiocore, el análisis genético postmortem, también llamado autopsia molecular, permite aclarar el origen de esas muertes en hasta el 35% de los casos. No cambia lo que ha pasado, pero protege al resto de la familia.
¿Quién debería hacerse una prueba genética?
Pedimos el estudio genético en tres situaciones principalmente. Primera: pacientes con sospecha clínica de cardiopatía hereditaria, ya sea un electrocardiograma con patrón tipo Brugada, un QT largo, o una miocardiopatía hipertrófica. Segunda: familiares de primer grado de alguien ya diagnosticado. Y tercera: familias que han sufrido la muerte súbita de un miembro menor de 45 años, especialmente si la autopsia fue normal o incompleta.
La derivación puede venir del médico de familia, del cardiólogo o, en algunos casos, directamente de urgencias.
Brugada Genomic: nuestro enfoque
En nuestra unidad hemos estructurado lo que llamamos Brugada Genomic, un programa de estudio genético con foco específico en el síndrome de Brugada y otras canalopatías. El nombre tiene que ver con años de experiencia clínica tratando a estas familias, y también con lo frecuente que es esta enfermedad: el síndrome de Brugada afecta a unas 5 personas de cada 10.000, según la Fundación Española del Corazón, y se estima que está implicado en entre el 5% y el 12% de todas las muertes súbitas de causa desconocida.
He visto muchas familias en las que el diagnóstico llegó tarde, después de una primera muerte inesperada. Y también familias en las que llegó a tiempo porque identificamos la mutación en el padre y estudiamos a los hijos antes de que tuvieran ningún síntoma. La segunda situación es en la que queremos estar.
Por eso en nuestra unidad el estudio genético no va solo: forma parte de un proceso más amplio de prevención de muerte súbita, y cuando hay menores implicados trabajamos de la mano con nuestra consulta de cardiología pediátrica.
¿Cuándo se hace y a qué edad?

Esta pregunta me la hacen con mucha frecuencia los familiares que acuden a consulta después de un diagnóstico en uno de sus miembros. Y la respuesta depende del tipo de enfermedad.
En las canalopatías, el diagnóstico genético temprano es útil porque permite tomar medidas preventivas desde pronto, incluso en niños. En las miocardiopatías hereditarias de tipo estructural, el protocolo de cardiopatías familiares de la Revista Española de Cardiología recomienda iniciar el cribado alrededor de los 10 años, salvo que haya síntomas o señales de alarma que lo adelanten.
En la práctica, cuando llega a consulta el hijo de un paciente con síndrome de Brugada, empiezo siempre con un electrocardiograma en reposo y, en los casos que procede, realizamos una prueba de provocación con flecainida. El estudio genético lo solicitamos en paralelo. Si el niño resulta portador de la mutación familiar pero no tiene síntomas, entramos en un protocolo de revisión periódica y le explicamos a la familia los factores desencadenantes que hay que vigilar: la fiebre alta, ciertos anestésicos y algunos medicamentos concretos que están contraindicados.
¿Qué dice (y qué no dice) el resultado?
Si el test da positivo, ya tenemos la confirmación de que el paciente porta la mutación de su familia. Pero ojo, eso no es sinónimo de que se le vayan a presentar los problemas. La penetrancia no es lo mismo en todos: he tenido pacientes con el síndrome de Brugada que pasaron de los 60 sin dar un síntoma y a los que seguimos de cerca una vez al año; en cambio, a otros hay que ponerles un DAI cuando aún son muy jóvenes. El informe nos sirve para trazar el plan de seguimiento, pero cada uno es un mundo.
En el caso de un familiar al que le hemos buscado una mutación que ya conocemos, un negativo es de por sí muy reconfortante. Prácticamente te quita de encima esa alteración. Lo importante es dejar las cosas claras, porque es fácil que alguien piense que «negativo» equivale a «cero riesgo de corazón de por vida», y no es así.
Luego está el terreno resbaladizo: la VUS, o variante de significado incierto. Le has visto algo en el genoma, pero no puedes asegurar si es patológico o una mera variación inofensiva. Con el tiempo y el crecimiento de las bases de datos, hemos podido reetiquetar más de una. Un dato que hoy no tiene respuesta, dentro de dos o tres años sí la tendrá. Por ahora, archivamos el resultado y lo volvemos a ver cuando haya novedades.
Por todo esto, el consejo genético es indispensable en nuestra unidad. Hacemos una visita previa a la prueba y otra posterior para ponerte en contexto con lo que dicen los papeles.
Si tienes antecedentes de arritmias o muerte súbita en tu familia, puedes pedir cita en nuestra Unidad de Arritmias en el Hospital Quirón Palmaplanas, Camí dels Reis, Palma de Mallorca.
Preguntas frecuentes
¿Un resultado negativo descarta la enfermedad?
Depende del contexto. Si buscamos una mutación familiar ya identificada y el resultado es negativo, prácticamente sí la descarta. Si el estudio se hace sin una mutación de referencia en la familia, un resultado negativo no excluye por completo la enfermedad: la tecnología actual no detecta todas las alteraciones genéticas posibles.
¿El estudio genético es una analítica de sangre?
La muestra se obtiene de sangre venosa, igual que un análisis rutinario. En algunos casos usamos saliva. El procesamiento del ADN se hace en un laboratorio especializado de genética molecular.
¿Si soy portador, desarrollaré la enfermedad seguro?
No necesariamente. La penetrancia varía bastante entre enfermedades y entre familias. Hay portadores de la mutación del síndrome de Brugada que nunca tienen síntomas y viven con un seguimiento clínico sencillo. El resultado genético es un dato más a integrar con la clínica, el ECG y los antecedentes familiares, no una sentencia.
¿Deberían estudiarse mis hijos?
En las canalopatías como el síndrome de Brugada, estudiamos a los hijos desde edades tempranas si hay síntomas, y de forma sistemática alrededor de los 8-10 años. En miocardiopatías estructurales, el inicio suele recomendarse alrededor de los 10 años salvo señales de alarma. Hablamos de eso con detalle en la primera consulta.
¿Para qué sirve el estudio genético si ya tengo el diagnóstico?
Fundamentalmente para cribar al resto de la familia. Si tenemos identificada la mutación concreta, podemos estudiar a hijos, padres y hermanos con mucha más precisión y proteger a los portadores antes de que aparezcan síntomas.

